Mostrando las entradas con la etiqueta Confesiones Estacionales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Confesiones Estacionales. Mostrar todas las entradas

25 ago 2008

Confesiones de invierno II

Jamás en la vida pensé que podía ser así, pero no hay galanteo, soledad, amor ni voluntad que puedan ganarle a tres o cuatro años de duelo sanamente elaborados.

Aún asumiendo mi dramatismo exagerado y mi concepción pastel de lo que es una relación de noviazgo, aún sabiendo que no hacía falta martirizarme con Jimmy Scott o leyendo cartas viejas, aún reconociendo que todo podría haber sido mucho más fácil si yo hubiera sido un poco más sensata, hoy puedo darme cuenta que cada lágrima que derramé, cada noche que no dormí y cada palabra que escribí no hacían más que apuntalar este deseo (o este no-deseo) que hoy da forma a mi presente.

Porque te quise, Dios sabe cuánto. Y me encantaría poder quererte así ahora, con esa pureza y ese desenfreno. Con esa fascinación y ese respeto. Con ese deslumbramiento y esa inocencia. Pero la inocencia se pierde o se diluye y los sentimientos de veneración se desmoronaron inevitablemente con cada persona fascinante que se cruzó en mi camino.

Y por más que haga fuerza y le dé vueltas y trate de hurgar una respuesta en un puñado de conceptos psicoanalíticos (como bien podría ser una negación o una represión) la simpleza de la realidad se deja caer mansa como una seda cubriendo nuestra historia; resaltando así las formas más lindas que tenía para la foto que va a formar parte de mi pasado, pero asfixiando , sin perder jamás la belleza, ese futuro que vos te imaginás y que yo, princeso, ya no quiero.









5 feb 2007

Confesiones de Verano*

Yo te queria desde antes, y esa es la diferencia.
No te quise porque me quisiste, como me habia pasado hasta entonces.
Yo te quise la segunda vez que te vi. Me aprendi tu cara, me acorde tu nombre, me hiciste reir tanto.
La tercera ya estaba decididamente enamorada, y de ahi en adelante todo fue un desastre.
Porque vos tambien me quisiste, supongo. Pero yo siempre te quise mas, porque corria con ventaja, porque te quise desde antes. Y cada vez que te veia era mas y mas, era fulminante, exponencial, era asintota vertical, era todo.
Eras todo y a mi no me importaba, porque yo tambien era todo.

* Literatura de la mala, pero necesaria.

24 sept 2006

Confesiones de Primavera (y de Domingo. Un espanto, bah)

Lo que tenés, Princeso, que nunca vi, que nadie tiene y que nadie va a tener jamás es ese hambre de vivirse la vida pero sin ansiedad, esa aversión no patológica, esa alegría disfrazada de deseo, pero deseo del feliz (porque la alegría es justamente eso) y no del urgente.

Y vuelve, de golpe vuelve todo. Se va lo demás, se van los demás y me quedo sola con el domingo y con todo el recuerdo que se me viene encima, con lo que éramos y con lo que te extraño.

Y te dije que sí pero es mentira, no quiero que seas feliz. Ni un poco.
Quiero que sufras y te caigas y te retuerzas del dolor como yo.

Tu felicidad me sofoca y me humilla, porque es darme cuenta de que todos tienen razón: que somos incompatibles, que vos necesitas a la chica buena que te cocina el sábado al mediodía con un delantal a cuadros y no a la que te quiere llevar de la mano a estamparte la cara contra la belleza del mundo, a la que te llena de tranquilidad y no a la que te tapiza de inquietudes, a la que junta piedritas en la orilla del arroyo y no la que se zambulle en agua helada. Vos estarías (estas?) mejor con la que usa chatitas-con-punta-redonda-color-pastel y no con la que se desliza sobre stilettos rojos.

Igual, yo no soy de resignación fácil así que intenté la metamorfosis y todo: me compré zapatos celestes, hablé con curas y aprendí a hacer milanesas. Pero no hay caso. A mí me queda mejor el papel de ex conflictiva o de la novia devenida en interlocutora de charlas necesarias (para vos) que el de compañera mansa y duradera.

Y en el camino, por necedad o por despecho, claro, la sigo embarrando. Cuestión de ser cada vez menos digna.

28 jul 2006

Confesiones de Invierno



A veces me cae la ficha de que todo lo que uno consigue con tesón, constancia y disciplina nunca va a estar realmente bueno porque jamás tendrá la frescura, la espontaneidad o la irrefutabilidad de lo genuino.

Hoy lo extraño como hacía mucho tiempo que no, y tengo muchas, muchísimas ganas de mandar toda la ternura, los "por el bien de la pareja" y la cotidianeidad en los cuales de golpe me soprendo inmersa al demonio, dejar de planificar y domesticar lo que me pasa, sincerarme e ir rauda a su balcón a gritarle que...

Bueno, en realidad no sé bien que le diría....es que tendría que ser algo romántico pero no meloso, inteligente pero no rebuscado y declarativo pero no estrepitoso.

"Te quiero a vos" no, porque va a salir con su moralismo a preguntarme por qué si lo quiero a él estoy con otro

"Las tres veces que te dejé no sabía lo que hacía" tampoco. No quiero que crea que soy esquizofrénica, borderline o sonánmbula.

"Ya me salen ricas las milanesas" es muy dulce, pero también demasiado doméstico.

"Sos el peor novio que tuve pero te quiero todo el tiempo" es excesivamente realista y motivo de discordia. Si voy a hacer semejante ridiculez, que por lo menos sea algo que no sepa o que tenga una estética un poco más cine de los ´50.

Bueno, ya. Se me fue la pulsión.

Además, tampoco sé donde vive ahora....y en una de esas ni siquiera tenga balcón.


La conclusión final de este rapto sentimentaloide es que cada vez que nace un blog, un psicólogo deja de alimentar a un hijo.




23 abr 2006

Confesiones de otoño



Esta situación me desarma.
Te quise tanto. Y te quiero tanto, de nuevo, cuando se me da por esta estupidez de releer todo. Y la esperanza que no se me va. Y este estado entre personaje patético y necio y la insensibilidad-caparazón necesaria para poder seguir . Si los duelos son de dos años voy por menos de la mitad y falta, pero tampoco estoy tan segura de que quiero hacerlo.
Porque hacerlo es perderte para siempre y pensar en eso me hace estallar la garganta de dolor. Princeso. Lloro porque te extraño, porque te perdí, porque me pierdo yo. Lloro por lo invencible que me sentía cuando estábamos juntos, porque ya no puedo hacer más nada, porque no dejo de pensar en qué hubiera pasado si yo seguía aguantando un poco más. Lloro porque me duele el alma y el orgullo. Porque me conformo con recordar cuando en realidad lo que más quiero es mirarte la cara y enredar los meñiques arriba de la mesa de algún bar y que nuestros ojos se entiendan, porque eso sí es lo verdadero.
Todo lo demás es mentira, es un invento, es espuma.
Todo lo otro es mientras te espero.