19 mar 2014

RSF III: Somebody, not just anybody


-Te ayudo con tu mochila?-
Creo que ninguno se iba a imaginar, con todo lo que pasó después, lo tan poco literal iba a ser esa frase.
Confianza en el universo.

Así lo conocí.

Me puse nerviosa incluso antes de mirarlo. Creo que es una capacidad o un algo que irradia la gente atractiva. Me llamó la atención su porte inmenso y su sonrisa. Hablaba español. No sé hace cuanto que no hablaba con nadie en español. En el pasaporte decía que era chileno.

Ayudarme con la mochila. Cómo explicarle a un completo desconocido. Que sí, que necesitaba ayuda. Que sí, que me pesaba la espalda. Que el viaje de mis sueños con la persona de mis sueños se había amputado hace unas horas sin anestesia  y que me dolía eso, la soledad y estar lejos. Y que la ayuda del taxista y la de él habían sido tan simples pero, de alguna manera, tan valiosas.

Pero que no, gracias. Que la mochila la llevaba conmigo porque me la paso sacando y guardando cosas.

Ibamos a ser compañeros de asiento en un vuelo de 12 horas. Quién sabe todo lo que se puede llegar a charlar durante tanto tiempo. 

18 mar 2014

RSF II: Al oeste del sol


Cuando salí esa mañana, arrastrando mi valija por una callecita empedrada de Kyoto,  sentí algo especial. Yo le llamo confianza en el universo, pero si fuera creyente podría decir que Dios me acompañaba o una virgen alguna cosa.

Estaba sola en un país lejano, pero no me sentía extraña. Tenía el corazón roto pero el ánimo fuerte. Acababa de pasarme una de las peores cosas que me habían pasado en la vida pero ahí estaba la mañana de Japón, virgen y prometedora. Había llorado 7 horas seguidas, pero la brisa del amanecer me acariciaba, me refrescaba y me aliviaba la cara.

Mire una vez mas hacia atrás. Por ahí se arrepentía y….no.
 - La vida no es una película- me dije. 
Además en las películas el motivo de las peleas de pareja jamás comprende que uno de los dos sea un psicótico.

Me subí a un taxi para ir hasta la estación. Los taxistas japoneses no son de hablar demasiado. Un poco por solemnidad, otro poco por idioma. Supongo.

-A la estación  de Kyoto, por favor- le pedí al conductor
Y él, sin siquiera mirarme, con una sutileza, una sensibilidad y un respeto sorprendentes, estiró el brazo hacia atrás y me alcanzó un paquete de pañuelos.
-Things will go better- me dijo, en un inglés clarísimo. Y siguió manejando como si nada.

15 mar 2014

RSF I: A nightmare of you

Me desplomo sobre el asiento del avión. Creo que el más incómodo de todos. Fue el único que conseguí, 4 horas antes. La gente camina meciéndose lado a lado, con esa gracia pendular que  surge naturalmente cuando nos desplazamos lento y en fila. Acomodan sus bolsos, sus bolsas con regalos, hablan entusiasmados y en todos los idiomas posibles. Yo trato de repasar en mi cabeza todo lo que pasó hasta ahora, para entender, pero igual me distraigo mirando al resto de los pasajeros. Ver gente. Es una de las cosas que mas me gusta hacer. Y acá hay tanta gente tan llamativa y distinta que no lo puedo evitar.

Estamos por salir del aeropuerto de Narita y yo, después de no dormir y llorar toda la noche anterior, no termino de entender siquiera si estoy despierta o estoy dormida. Me siento cansada, abatida, gastada. Lastimada y vacia. Siento que no tengo esperanza ni consuelo, y lo único que quiero es que ese avión despegue de una vez, porque sé que ahí se termina una historia y empieza otra. Otra menos feliz y apasionada, una historia sobre la nada, pero es nueva y necesito algo nuevo.

Son las 7 de la tarde de un miércoles de febrero y me estoy volviendo sola de Japon a Buenos Aires porque mi novio me dejó. En Kyoto.

Se me viene a la cabeza escenas de la discusión de la noche anterior, una encima de otra, como una pila fotos que se desparraman desordenadas sobre una mesa: la silueta de su perfil, una botella de whisky a medio tomar y la computadora abierta, una valija armada con prisa y rabia, pañuelos y pañuelos amontonados como un soufflé de llanto, su cara y su discurso transformados en lo que siempre tuve miedo que fuera, diciendo esas cosas que no se pueden decir adentro de esa casa que con tanta ilusión reserve cuando estábamos planeando el viaje.

Nadie entiende las razones por las que se empieza a querer a alguien, o las que hacen que lo dejes de querer. Y mucho menos entiendo por qué, cuando eso pasa, surge a veces una necesidad de destruír todo. Si la historia se termina hay que destruirla y como vos sos parte de esa historia, te destruyo a vos también.

Sin embargo, tengo una suerte de fe en la naturaleza humana. Probablemente peco de optimista, pero para mi querer herir a alguien es siempre un intento. Que a veces sale mal y lastimas en serio.

No importa. Sea cual sea ese objetivo, cuando sentís que te clavan un puñal en el pecho y el verdugo es la persona que más quisiste, en ese instante de dolor y vacío, en ese segundo bisagra en que te deja de importar el otro y te empezás a preocupar por vos misma; ahí se produce un cambio.


Ahí el instinto de supervivencia aflora de la manera mas primitiva y tomas decisiones rápidas y funcionales. 

Me voy. 




11 mar 2014

Cuando pase el temblor


Por momentos sigo esperando despertarme y darme cuenta de que todo fue una pesadilla horrible. Porque las cosas ilógicas con tiempos caprichosos y razones enroscadas solo pasan en los sueños. Y una pesadilla no deja de ser un sueño. Un sueño malo, pero un sueño al fin.

Pero...y si la pesadilla no fue una pesadilla y fue la realidad? Y todo lo bueno que paso (con su no logica, los tiempos caprichosos y las razones enroscadas) fue el sueño?


Y si lo que no tiene explicación es, desconcertantemente, la parte buena y no la parte mala
?



20 ago 2012

Crazy. Little. Thing.


El amor esta hecho de todo lo que es uno, todo lo que es el otro y una cosa más, que solo tiene lugar cuando esas dos personas se encuentran. Para mi, eso constituye lo más puro y lo más sublime del amor. Uno, con más o menos defectos, mejoras o experiencia, va a ser el mismo siempre. Y el otro, por su parte, también. Por ejemplo, yo, como pareja, siempre fui interlocutora, cocinera, graciosa y un poco inestable. Ok, bastante. Fui así con mi primer novio, a los 15 años, y con mi ultimo novio a los 29. Calculo que a los chicos les pasará otro tanto.

Pero eso otro, eso que nace y muere en el abrazo de una pareja, eso es lo que me quita el sueño. Cómo se llama? Cómo retenerlo? Es eso lo que lloramos cuando nos separamos? Porque el otro, si bien ya no en la pareja, sigue estando. Está ahi, más cerca, más lejos, pero está. Y nosotros también estamos. 

Pero bueno, a pesar de eso, cuando nos separamos lloramos como si algo hubiera desaparecido para siempre. Lloramos por el otro, por nosotros (el menos noble de todos los llantos) y lloramos porque perdimos esa singularidad que se generaba cuando estábamos juntos. A veces la perdemos, a veces se gasta,  a veces la tenemos que destruír para poder alejarnos del otro, que nos hace mal.  A veces la extrañamos tanto que buscamos reconstituírla con otro otro y el resultado es, la mayoría de las veces, infernal. Porque miramos esa cosa nueva generada  a la fuerza que de pronto esta ahí, ocupando un lugar ficticio en nuestra vida y nos enoja y avergüenza, como una imitación malograda de una obra hermosa.

En fin.
La gente que usa imitaciones es la que realmente no puede acceder al original o,  la que pudiendo, no quiere pagar ese precio. 
  



23 nov 2010

Sexy o no


Nada me incomoda mas que los lugares forzados. Yo no sirvo para fingir nada. En general no miento, pero para cuando no hay otra opción primero logro creerme la mentira para después poder exponerla sin más.

Entre otras cosas, por ejemplo, me incomoda el lugar de sexy. No entiendo si me da pena, admiracion o esa suerte de melancolia-con-sonrisa-ironica muy tipica de la gente mayor que ya la vivió. Igual, creo que nunca fui sexy, y si lo fui fue insconscientemente, que para el caso es lo mismo que no serlo.

No puedo decir "gracias" si me regalan un chocolate diciendome que soy linda. No sé como se sigue un diálogo de ese tipo, hasta donde está bien y es cortés y hasta donde estas tirando puntas que no son. No sé lidiar con un piropo ni con ningun comentario romeril, enseguida me espanto y digo alguna pavada que me devuelve instáneamente al lugar donde estoy cómoda: el de la simpática, la intelectual (que en realidad no sé de dónde salió pero perdura y me siento bien ahi), el de la amiga o la consejera. Y no es por ética o purismo, no señor. Es que no soporto la exposición que implica ser sexy.

Ojo, hay extremos inconsiderables, pero por qué no poder jugar un poco con una de las armas mas poderosas del género?
Por qué no bancarse seducir un poquito?
Se puede contesar algo que no sea un chiste ni una nerdeada sin parecer un gato?

Capaz no es tan importante, pero creo que ese juego al que no juego aporta algo y yo me lo estoy perdiendo.


29 abr 2010

Lo que queda de mi

Hay muchas cosas de mi pasado con las que jamás (o casi jamás) me volvi a reencontrar: cómo me gustaba Oasis, mis años de terapeuta con nenes autistas, los dos meses que estuve inmovilizada por lesionarme haciendo trekking y aprendi a tejer con las amigas de mi abuela, las tardes de escalada!!!, ese grupo con el que ensayaba cuando tenia quince (hace tanto?) y haciamos funciones a beneficio, el terrible trabajo de investigacion sobre fertilizacion asistida que nos mandamos con mis compañeras de colegio en quinto año, una obra de danza contemporánea que monté y que ganó un premio. Era terriblemente apasionada. Ahora tambien lo soy, creo, pero lo que hoy pasó a ser algo así como una virtud, antes era totalmente natural. O por ahi ahora es una pasion mas dirigida, mas ordenada. Debo estar poniéndome vieja.
En fin, lo que me puse a pensar en que la gente que me conoce desde hace 7/8 años no sabe de todo ese pasado. No lo conoce, no lo vio, yo nunca les dije nada. O sea, soy lo que soy para todos ellos (cariño, amor, amistad, consejo, compañía, saludo) sin todas esas cosas. No las necesito. Y nada, que un poco de pena me da.

9 feb 2010

Bolivia contrucciones


Qué porcentaje tiene la construcción que hacemos de alguien en nuestra capacidad de amar?
Creo que, en cierta manera y en base a lo que ya hablamos en el flamante cafe con los lectores, podríamos hacer una analogía entre ser amado y recuerdo.

Digo, el ser amado (como el recuerdo) tambien esta ahí y nosotros, cada vez que lo evocamos, imprimimos ese acto de una subjetividad considerable . A veces idealizamos. Y entonces el ser amado termina siendo interesante donde todos ven un freaky, inteligente donde todos ven un inadaptado social o divertido donde no hay más que un monigote triste que no puede dejar de hacer bromas pesadas. Otras no. Otras pecamos de conservdores y logramos que alguien increible "nos caiga bien" o asumamos que "nos gusta" una persona que en el fondo nos parte todos los sentidos. Contruimos, de nuevo. Y en es construcción (ahora sí) estoy segura de que se pierden muchas cosas. El ser amado se aleja de lo que en realidad es para pasar a ser lo que nosotros podemos hacer que sea.

Facu me conto que la definicion de amor de Lacan era "dar lo que no se tiene a alguien que no es". Me la dijo hace mucho, cuando yo insistía en que se podía hablar de amor sin usar la palabra "amor". Y recién hoy la entiendo. El ser amado es algo así como el montaje que nos hicimos del otro en la cabeza. Pero lo que realmente es esa persona con todo y su realidad, con su singulridad, lo que es esa persona como individuo y no como construcción,eso es otra cosa. Hasta otra persona, les digo. Que, en el mejor de los casos, seguramente también esté enamorada de la construcción que hizo de nosotros.

Apenas me di cuenta de esto, me indigné. Quise sentarme enfrente de mi novio con un block de hojas y lápices para que cada uno diagrame qué idea tenia del otro y compararla con la realidad. Qué es esto de estar enamorados de una construccion? Mirá si él no es quien yo creo o quien yo pienso todos los días? Cuál me gustará más, el construído o el real? Cómo pudimos vivir tanto tiempo en semejante hipocresía? Y ya estaba revolviendo la casa como loca, buscndo cuadernos de hojas lisas cuando me di cuenta de dos cosas:

I) LA verdad no existe. En todo caso compararíamos la versión del otro de nosotoros con la propia de nosotros (y visceversa), pero no sé si alguno está en condiciones de ser parámetro de nada. Cuál sería el metro patrón y por qué?

II) No es genial, al fin de cuentas, cómo una persona te puede inspirar? Amor no será también cuántas ganas nos dan de pensar en el otro? O qué tipo de pensamiento nos induce?

No es eso dar lo que no se tiene a alguien que no es?


15 ene 2010

Fetiche de amor (o cómo explicar romance con pares de zapatos)

A dúo con Melquiades


A veces pareciera que amor y enamoramiento son antagónicos. Que es uno o el otro y que son mutuamente excluyentes. Que, en todo caso, puede haber notas esporádicas de enamoramiento a lo largo de años de amor; pero nunca a la inversa ni de manera constante o consistente.

El amor tiene más que ver con la alianza que construye día a día, con una sociedad tácita o un proyecto tan intangible como real. El enamoramiento habla de romanticismo, de escenas tórridas en lugares insóitos, de melodrama y de palabras que siempre suenan bien cuando se las escucha por primera vez y en el contexto adecuado, todo eso sumado a la percepción nuerohumoral y subjetiva de ese estado (A.K.A mariposas en la panza).
Enamoramiento es, por ejemplo, tocar el violín en una góndola. Amor es remar en el mismo bote.

Enamoramiento es una cena con velas en donde ninguno come demasiado porque está absorto escuchando al otro. Amor es el desayuno con una sonrisa de todos los días.

Enamoramiento es extrema e incondicional fascinación. Amor es elegir y elegirse a uno mismo a pesar de muchas cosas, que es distinto de la abnegación rotunda y deletérea del “contigo a pesar de todo”.

Enamoramiento es Antes del Amanecer. Amor es Los Puentes de Madison. [N. de los R.: Melquíades aclara que está casi seguro de que –después de partirse la cabeza un buen rato– hubiera elegido lo mismo que Francesca.]

El Enamoramiento es como la fascinación que produce un par de zapatos nuevos: perfectos, distintos, jugadísimos. Amor es todo lo que queda, lo que decanta una vez que pasa (porque siempre –indefectible, inevitablemente-, pasa) ese furor inicial.
Nos queda, entonces, la tranquilidad de saber que es un buen zapato y que encaja en nuestra vida como nosotros en la suya; que nos sostiene y nos da confianza; que nos permite avanzar amortiguándonos los pasos y haciendo que la realidad sea un poco más llevadera. Un zapato que entre los miles y miles de zapatos que nos probamos, que existieron, existen y existirán está hecho por y para nosotros: nuestro pie se adaptó Lamarckianamente a esos pequeños defectos de suela o de capellada a tal punto que ahora se desdibuja la línea que define qué es pié y qué es zapato.
De un modo u otro, incluso a gusto con los nuestros puede pasar (más aun si somos declarados fans de los zapatos y con tantos diseños increíbles) que mirando vidrieras –porque vamos, aunque estemos conformes con lo que tenemos y aunque sea de reojo y medio a escondidas, nunca dejamos de mirar vidrieras- nos llame la atención un par por su modernidad, por curiosidad, por la intriga de saber cómo nos cambiaría la vida probárnoslos, aunque sea por un ratito.

Ahí es cuando los senderos se bifurcan, y es decisión y responsabilidad de cada uno qué camino elige seguir:

  • Andar con dos pares de zapatos al mismo tiempo.
  • Arriesgarse por completo y cambiar nuestro clásico zapato a medida por éstos nuevos que piden a gritos ser probados.
  • Si ya nos encariñamos con nuestros zapatos de siempre y creemos que valen la pena, mandarlos al zapatero y pedirle que le dé a la cosa una vuelta de tuerca para ver cómo los renovamos un poco.
También está la opción de, tan hartos de lo viejo como de lo nuevo, cansados de la seguridad y la incertidumbre, hastiados de la confianza y el desafío, quedarnos descalzos. Un rato. Andar demasiado en patas nos endurece y nos expone a algunos riesgos. Habrá que pensar si optamos por ir a comprar un par nuevo y escandaloso o rescatar uno viejo ("Ay, ¿por qué dejé de usar este zapato? ¡Si es tan lindo!"), que de cualquier manera no da para todos los días: alcanza con usarlo demasiado seguido para que empiece a molestar ("Ay cierto, me apretaba el dedo"). De todos modos, puede resultar perfecto para esta ocasión porque podemos usarlo sin medias, estar cómodos y sentirnos los más lindos por un rato, con la tranquilidad de saber que apenas necesitemos o tengamos ganas nos los podemos sacar tan fácilmente como nos los pusimos y volver a sentir esa cosa áspera y esa agradable indefensión de tener los pies sobre la tierra.