En brevísimas y tal vez hasta escasas palabras, esta teoría propone que las especies sufren modificaciones constantes que les permiten adaptarse para subsistir satisfactoriamente en el cambiante medio en el cual viven.
Antes que nada, quiero retractarme. En un post anterior le dí la razón pero me equivoqué: Darwin estaba erradísimo.
Déjenme decirles que aunque a mí también me resulte doloroso, la teoría evolutiva es un fraude.
Es romántica, simple y bella, como la Relatividad o toda gran teoría científica, pero no cumple con la excluyente cualidad de Certeza.
Pasemos a la demostración:
Sujeto 1.
Hombre petiso y cabezón, de manos y pies espantosos. Cuando lo aqueja el stress (27 días al mes) le salen en la cara ronchas rojas y sobreelevadas. Deja plantada a su chica infinidad de veces, avisándole que no va cuando ella ya ha pasado una hora esperándolo en la puerta de su casa, con la carterita en la mano y el rimmel resquebrajado. Canta horriblemente, no sabe jugar al fútbol y una vez se queda dormido en la mesa de un bar frente a su novia. Y otra vez le dice que la deja porque ella no es católica. Escucha a Vicentico, Traicy Chapman y al Chaqueño Palavecino, es angurriento, egoísta y siempre tiene sueño.
Sujeto 2
Apuesto joven, muy alto y campeón de básquet, tiene ojos verdes y una sonrisa devastadora.
Es dueño de una inteligencia lógico- matemática envidiable y sabe tratar a la gente de una manera increíble, sus amigos, los padres de sus amigos y las abuelas de sus amigos lo aman. Conoce a una chica esbelta y con el pelo largo que al tiempo engorda y se rapa, pero él le sigue diciendo que es hermosa. La saca de la cama en pijama cuando ella esta deprimida, la mete en el auto y maneja una hora y media para llevarla a una playa cercana a que vea las estrellas 15 minutos, aunque al otro día tenga que rendir un examen.
Una vez, para la semana de la dulzura, desparrama una inmensidad de golosinas en su cama con una nota que dice que de esa forma trata de devolverle un poco de la dulzura que ella le brinda todos los días. Y otra vez se va hasta un pueblo en el que su novia pasa el fin de semana nada mas que para dejarle una flor y una tarjeta en la ventana de la casa donde ella duerme.
Un enlace matrimonial con el primer sujeto llevaría a mí y a mi estirpe al fracaso absoluto. Mis genes se verían amenazados por cromosomas deformes y perezosos, mis hijos nacerían sordos, con problemas en la columna u obesos, lo que disminuiría significativamente su expectativa de vida así como también las posibilidades de procrear.
En cambio, reemplazando el locus marital por el individuo del ejemplo dos, mi descendencia contaría con todo lo necesario para la supervivencia frente a las posibles adversidades: agilidad, simpatía, facilidad negociadora, belleza e inteligencia (en un mundo como el de hoy nunca se sabe, ya no alcanza con la reserva subcutánea de grasa para protegernos frente a las heladas)
Si la evolución fuera cierta, el cerebro tendría que ser el único órgano con autoridad para decidir con quién hay que quedarse, y toda esa sarta de sentimiento desmedido e ilógico que viene del corazón o vaya una a saber de dónde, debería hacerse a un lado o permanecer vigente sólo en las especies inmundas, como las cucarachas, los hippies o los tarotistas.
El amor desenfrenado, el catarático, el desborado nos vuelve ciegos y necios, nos hace sufrir, nos incita a hacer locuras y nos arrastra al caos genético, al eterno anonimato, a la extinción del planeta.
Y sé por que se los digo: el del ejemplo uno es el hombre que más quise, y el dos es el que menos.
Lo peor es que, aún sabiendo todos los riesgos que corro, seguiría eligiendo tomarme un café con leche en un bar de mala muerte mientras miro dormir al individuo 1 que la inmensidad de estrellas, gestos y golosinas que me ofrece el individuo 2.
Antes que nada, quiero retractarme. En un post anterior le dí la razón pero me equivoqué: Darwin estaba erradísimo.
Déjenme decirles que aunque a mí también me resulte doloroso, la teoría evolutiva es un fraude.
Es romántica, simple y bella, como la Relatividad o toda gran teoría científica, pero no cumple con la excluyente cualidad de Certeza.
Pasemos a la demostración:
Sujeto 1.
Hombre petiso y cabezón, de manos y pies espantosos. Cuando lo aqueja el stress (27 días al mes) le salen en la cara ronchas rojas y sobreelevadas. Deja plantada a su chica infinidad de veces, avisándole que no va cuando ella ya ha pasado una hora esperándolo en la puerta de su casa, con la carterita en la mano y el rimmel resquebrajado. Canta horriblemente, no sabe jugar al fútbol y una vez se queda dormido en la mesa de un bar frente a su novia. Y otra vez le dice que la deja porque ella no es católica. Escucha a Vicentico, Traicy Chapman y al Chaqueño Palavecino, es angurriento, egoísta y siempre tiene sueño.
Sujeto 2
Apuesto joven, muy alto y campeón de básquet, tiene ojos verdes y una sonrisa devastadora.
Es dueño de una inteligencia lógico- matemática envidiable y sabe tratar a la gente de una manera increíble, sus amigos, los padres de sus amigos y las abuelas de sus amigos lo aman. Conoce a una chica esbelta y con el pelo largo que al tiempo engorda y se rapa, pero él le sigue diciendo que es hermosa. La saca de la cama en pijama cuando ella esta deprimida, la mete en el auto y maneja una hora y media para llevarla a una playa cercana a que vea las estrellas 15 minutos, aunque al otro día tenga que rendir un examen.
Una vez, para la semana de la dulzura, desparrama una inmensidad de golosinas en su cama con una nota que dice que de esa forma trata de devolverle un poco de la dulzura que ella le brinda todos los días. Y otra vez se va hasta un pueblo en el que su novia pasa el fin de semana nada mas que para dejarle una flor y una tarjeta en la ventana de la casa donde ella duerme.
Un enlace matrimonial con el primer sujeto llevaría a mí y a mi estirpe al fracaso absoluto. Mis genes se verían amenazados por cromosomas deformes y perezosos, mis hijos nacerían sordos, con problemas en la columna u obesos, lo que disminuiría significativamente su expectativa de vida así como también las posibilidades de procrear.
En cambio, reemplazando el locus marital por el individuo del ejemplo dos, mi descendencia contaría con todo lo necesario para la supervivencia frente a las posibles adversidades: agilidad, simpatía, facilidad negociadora, belleza e inteligencia (en un mundo como el de hoy nunca se sabe, ya no alcanza con la reserva subcutánea de grasa para protegernos frente a las heladas)
Si la evolución fuera cierta, el cerebro tendría que ser el único órgano con autoridad para decidir con quién hay que quedarse, y toda esa sarta de sentimiento desmedido e ilógico que viene del corazón o vaya una a saber de dónde, debería hacerse a un lado o permanecer vigente sólo en las especies inmundas, como las cucarachas, los hippies o los tarotistas.
El amor desenfrenado, el catarático, el desborado nos vuelve ciegos y necios, nos hace sufrir, nos incita a hacer locuras y nos arrastra al caos genético, al eterno anonimato, a la extinción del planeta.
Y sé por que se los digo: el del ejemplo uno es el hombre que más quise, y el dos es el que menos.
Lo peor es que, aún sabiendo todos los riesgos que corro, seguiría eligiendo tomarme un café con leche en un bar de mala muerte mientras miro dormir al individuo 1 que la inmensidad de estrellas, gestos y golosinas que me ofrece el individuo 2.


