26 may. 2006

Cumpleaños lejos


Mi hermana, la enana, cumplió años ayer. Diecisiete.
Podría, en alusión, escribir un post sentimentaloide tratando de explicar el paradójico amor que tenemos para con alguien con quien compartimos la mitad de nuestra información genética; pero me decidí por esta análisis comparativo, que evidencia parte de su fresca sabiduría:

*A los trece años, yo me internaba todo el fin de semana a ensayar "Copos" de Cascanueces en la escuela de danza clásica, donde además, bajo un régimen cuasi militar, se encargaban de mancillar mis ligamentos y autoestima. El único hombre en 2 km a la redonda era Cruz, un señor de rasgos indígenas y de unos 45 años, de esos que te saludan con un "chau, chica, chau" y que oficiaba de portero.

*A los 13 la enana viajaba todos los fines de semana a una localidad distinta a competir con su grupo de superamigos de natación. Ganaba medallas y, para envidia de las lugareñas, se ponía de novia con el chico mas lindo de cada pueblo.



*A los 14 yo fui por primera vez a bailar. A matineé, claro. Con mis amigas compramos ropa para ese día y fuimos a la peluquería a hacernos brushing y planchita. El papá de una nos llevó y el mío nos fue a buscar, teniendo la delicadeza de tocar bocina en la puerta para que nos percatáramos de que él estaba ahí.
En el boliche, yo solía hacerme amiga de la chica que cuida el baño porque me daba pena y dejaba pasar las horas escuchando anécodtas de su barrio.

*La enana sale desde los 13 a noche, adosándose al grupo de mi hermano. Se junta con una amiga unas pocas horas antes del evento e improvisan equipos que marcarán tendencia los fines de semana subsiguientes.
Confraterniza con el barman de turno diciéndole que su amiga está con él y así toma gratis toda la noche.



*A los 15 yo transitaba por una depresión adolescente. Así y todo, mi madre insitió en hacerme una fiesta en la que los souvenires eran canastitas de macramé con flores secas. Yo irrumpí en el salón al son de "Back for Good" de Take That, enfundada en un vestido con detalles en broderie y pintada como una puerta.

*La enana hizo una fiesta a la cual vinieron todos los pueblerinos con los cuales se puso de novia a los 13, hizo tocar a su banda de rock amiga para deleite de las tías y abuelas y, si bien entró con un vestido que aparentaba ser naif, a las 12 se sacó una parte para quedar en impecables leggins y zapatos con motivos de cuadritos blancos y negros.



*Cuando tenía peleas con mi mamá yo lloraba muchísimo y sentía que el mundo se derrumbaba.

*La enana atribuye todo a su inminente menopausia y convence a mi papá de salir a comprar ropa para dejarla a ella un poco mas tranquila.


*Cuando a los 16 me gustaba un chico, salía corriendo a esconderme atrás de un árbol cada vez que él pasaba por la vereda.

*La enana dice estar enamorada de un amigo mío, y cada vez que él viene a visitarme ella cocina una torta, ceba mate y nombra como al pasar artistas musicales que (por mí) sabe que a él le encantan.



Y ahora que tiene 17 es inevitable remitirme a esa estapa mía y recordarme y compararme.

Y darme cuenta, orgullosísima cuenta, de que es como yo, pero en versión mejorada.

24 may. 2006

19 may. 2006

Ritmos Circadianos

Tres observaciones matinales:

Que Spinetta y Divididos estén agrupados junto a Ivan Noble y Los Piojos, todo bajo el arbitrario rótulo de "Rock Nacional" es, por lo menos, injusto. También es incorrecto, pretencioso y estafador. Alguien tendría que tomarse el trabajo de redefinir bien algunas cosas porque si no ésto es el acabose.

La inteligencia no se evidencia en lo que alguien dice, sino en lo que se calla. Si el silencio fuera una variable mesurable existirían conceptos mas acertados de todos.

Resulta que de contabilidad solo hablan los contadores, de derecho los abogados y de agujeros negros y expansión del universo los astrofísicos, pero de medicina todos opinan y discuten en la máquina de café como si estuvieran en un ateneo.


Y tres vespertinas:

Muriel suena a subespecie de roedor, no es un bonito nombre para conductora de un noticiero.

Leo Franco vendría a ser un ceniciento posmoderno y me enternece. Ahora quiero que en el mundial descolle y coma perdices el resto de su vida.

Hace una semana estoy usando las hornallas de la cocina únicamente para calentar agua para té.


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Creo que me prefiero diurna.
La melatonina no me sienta bien.

11 may. 2006

Tu ruta es mi ruta



El transporte público rebalsa de mediocridad, mugre, deficiencias. Y de gente.
Pero también de historias, de romances tórridos.
Esos que siempre son perfectos, porque no son.

Pensar en la posibilidad de vivir este tipo de situaciones da sentido a mis mañanas y justifica así el esfuerzo que implica levantarme, combinar ropa, peinarme y ponerme rimmel con los ojos hinchados.

Cada nueva jornada, la fantasía de compartir el asiento con un caballero de manos firmes y perfume inquietante aporta la cuota de determinación necesaria para vencer las ganas de quedarme en casa durmiendo un ratito mas.

Es cierto, tal vez lo mío sea una exageración, pero quien diga que nunca sucumbió ante los encantos de un compañero de viaje, miente. O vivió demasiado poco.

A modo de justificación por lo antedicho y, por que no, a título ilustrativo los dejo con un puñado de recuerdos de la categoría amores sobre ruedas.


El que se enamoró de mí
Durante mi primer año en esta ciudad, yo acostumbraba a tomar el subte siempre a la misma hora.
Y compraba la tarjeta también a la misma hora y en la misma ventanilla, dormida y de mal humor.
Un día, en el reverso del subtepass, apareció una suerte de declaración y, desde entonces, compré los pasajes en otra estación u horario. Nunca me animé a volver para mirar la cara del boletero, pero todavía guardo el pasaje en una caja junto a otros cachivaches que tampoco se por qué decidí conservar.

El eterno
En mi ciudad natal, entre mis 13 y mis 16, solía tomar un colectivo para ir al colegio. Y la mayoría de las veces viajaba un chico que me volvía loca. Me gustaba todo, especialmente la cara esa que tenía de desentendido y de no-me-importa-nada (en esa época yo coqueteaba con el Grunge). Nunca una palabra. Nunca una mirada (de él hacia mí, claro).
A los 18, pongámosle, me lo encuentro en un boliche. Y me dice que yo soy la chica del colectivo, sabía mi nombre, a qué colegio iba, que mi novio había sido tal y cual y que mis perros eran uno así y otro asá. Tanta información me apabulló y atiné a salir corriendo. Pero al final tocaba el saxo y esas cosas me pueden. Nos dimos unos besos en honor al pasado, para luego no vernos nunca más.

El fugaz
Era PERFECTO. Me invadió una sensación de "quiero que mis hijos tengan su cara" al verlo. Cuando al fin junté coraje para proponerle casamiento, ya se había bajado.

El que me cumplió la fantasía
Volviendo de las vacaciones, en el Buquebus, hablamos 3 horas sin parar sobre música armenia y tortugas marinas. No le acepté una cena diciéndole que con la pinta de María la del Barrio que tenía, una primera cita no daba (en realidad era para que me llamara mas adelante). Me llamó al otro día y la historia fue un bonito apéndice del verano.

El desubicado
Me tocó el trasero y armé un escándalo memorable en el colectivo. La gente que viajaba se apiadó de mi y el tipo se tuvo que bajar de la vergüenza y humillación.

El transporte público nos desinhibe y nos alienta a ser evidentes en nuestra conquista. Nos habilita a ilusionarnos insolentemente, mirar con intensidad o seducir con descaro, sin miedo al ridículo.


Total, cualquier cosa, nos bajamos en la próxima.


4 may. 2006

La conspiración de los obreros de la construcción


Ya algo me había dicho Verito quien, perspicaz, lo sospecha desde hace un tiempo: el verdadero fin de los obreros de la construcción no es, precisamente, construír. Su actividad principal tiene mas que ver con piropear mujeres que pasan por la vereda que con la ardua tarea de andar montando ladrillo sobre ladrillo o preparando mezcla.

Hoy, en el viaje de retorno a mi hogar, entendí. Bastante tuvo que ver con esta maravillosa conclusión el hecho de que el chofer instistía en escuchar TODO UN DISCO de Arjona. La torturas así se evaden con meditación, y eso fue lo que hice.


He aquí el resultado.

De modo introductorio, quiero comentar que las mujeres funcionamos sinérgicamente: cuanto mas lindas nos sentimos mejor aún queremos estar y mas tiempo, energía y (sobre todo) dinero dedicamos a ello.

Generalmente, cuando pasamos por una obra -cualquiera sea el estado en el que estemos- recibimos alguna que otra palabra bonita. O un piropo subido de todo.
Inmediatamente el halago nos acaricia y posiblemente nos haga sentir mejor.

Es presumible también que después chequemos nuestra apariencia en el primer vidrio en el cual pueda dilucidarse nuestro reflejo, y es factible que, presas de la adrenalina que nos recorre el cuerpo luego de un cumplido, nuestra imagen nos parezca bien.

Lo que deviene entonces es el inminente deseo de querer comprarnos un par de zapatos, botas, una cartera, campera o un saco de cuero, que OBVIA y ESTRATEGICAMENTE, de sentirnos adefecios, jamás decidiríamos adquirir.

Bien, el Gobierno sabe ésto. Lo sabe muy bien. Y el plan es macabro, pero brillante: empiezan promoviendo la construcción, por ende hay mas obreros, mas piropos y se incrementa la autoestima femenina en términos absolutos. El cambio de actitud es lo que nos da el empuje necesario para entrar al negocio en cuestión y llevarnos nuestro objeto de deseo (de cuero, claro). La reactivación de la industria indumentaria deriva en un mayor aumento en la cría y faena del ganado bovino a fin de obtener la materia prima. Una vez extraído el cuero se genera una mayor disponibilidad de carne, con el consecuente aumento de la oferta, por lo cual los precios en el mercado sufren una significativa reducción. Todo ésto sin acuerdos burocráticos ni enfrentamientos con productores agropecuarios. Ni a Keynes se le hubiera ocurrido una estrategia tan precisa.


Yo no voté a Kirchner, pero vivo en Argentina y quiero que el país progrese. Por eso, fiel a mi instinto y a la bandera, no dudaré un segundo y me alistaré con ese hermoso par de botas color suela que me hacen ojitos desde una vidriera de calle Santa Fé hace una semana.
Previo paso por la obra que hay a la vuelta de casa, claro.