3 abr. 2009

Invadime ésta

Que no, no te quiero invadir. Ostias. Ni que el cometido de cualquier mujer plena e independiente fuera que los cajones del placard de su pareja rebasen de corpiños. Lo que vos no entendés que yo SIEMPRE ando con muchas cosas. En mi cartera de hoy, por ejemplo (que fue un día tranquilísimo, sin actividad física ni horas cátedra) hay:
  • un pañuelo por si llueve y el flequillo se me descontrola,
  • una botella de agua mineral,
  • gotas descongestiavs para los ojos,
  • anteojos de ver de lejos y gafas de sol,
  • una guia T,
  • un sobre con papeles para hacer trámites,
  • un par de zapatillas de punta por si tengo 20 minutos para irme a ensayar mi variación al gimnasio,
  • un par de chatitas por si los tacos que tengo puestos me traicionan,
  • un vestido que combina con esas chatitas,
  • un reproductor de mp3,
  • un folleto para dejar de fumar,
  • una pantalla facial,
  • una muestra de un antialérgico,
  • un labial, rimmel y corrector de ojeras,
  • carilinas,
  • muchas invisibles desparramadas,
  • una cartuchera con resaltadores por si tengo que resumir algo mientras viajo en colectivo
  • y cepillo y pasta de dientes.
Entonces, con la lista arriba expuesta a modo de ejemplo, es totalmente lógico pensar que si duermo en tu casa voy a tener que tener un camisón, si me baño en tu casa voy a tener que tener cremas, acondicionador y una planchita ó que si como en tu casa voy a tener que tener frutas y verduras si no quiero caer en el agujero negro trans de los pretzels y la pizza calentada. Además tengo que tener pan y café de filtro, porque por más que te ame con el alma de ninguna manera aceptaré jamás que mi primer ingesta del día sea esa calamidad llamada café soluble y porque las galletitas dan celulitis. Ah, y si aparte de todo eso voy a cocinarte seguido tiene que haber harina, leche entera, azucar negra, tres variedades de curry, cebollas, papas, yogur natural y vino de caja para reforzar las salsas.
Entendeme, no es un atraco a tu espacio, a tu independencia ni a tu intimidad. No quiero que nadie vea mis bártulos, no estoy marcando territorio, no necesito la confirmación de nada. Jamás se me ocurriría dejar algo en tu casa que no sea estrictamente funcional, ni haría cosas como decorar las paredes con los cuadros o fotos que me gustan a mí, subir a tu computadora temas de Chavela Vargas ó acomodar en tu biblioteca algunos ejemplares de mis autores favoritos.
A mi no me cabe la mudanza hormiga. Si mi intención más perversa fuera invadirte, estaría plantando una bandera en el sillón y destinando un cuarto a sala de zapatos y karaoke. Si efectivamente sintiera que tu casa es mi casa, tendrías gente estudiando con el ceño fruncido y ojeras crónicas 3 veces por semana, amigas cenando & "poniéndose al día" dos y toda la temporada de House MD apilada al lado de la tele.
Y por ahí hasta un perro en el balcón.