30 mar. 2014

RSF V: Primera posición

Aunque me moría de sueño y el sake me arrullaba  con esa calma felicidad que da, no pude dormir casi nada. Estaba inquieta y ninguna posición me dejaba descansar. 
Durante las 5 o 6 horas siguientes me puse de un costado, de otro, subí una pierna al asiento, me estiré boca arriba, boca abajo, trate de hacer ángulo con la ventana y una almohada, de apoyar las rodillas en el asiento de adelante. 


En algún momento  de las 35 veces que me acomodé el chileno me dijo “nuca vi a nadie con tantas posturas al dormir”. De haber estado en otra situación emocional le hubiera contestado una barbaridad. 

23 mar. 2014

RSF IV: I bet you look good on the dancefloor

El avión despegó puntual, como absolutamente todo en Japón. Que país fascinante, por dios. 

A mí se me mezclaban las imágenes deslumbrantes de los templos y las callecitas estrechas llenas de karaokes, comida indescifrable y bares de jazz; con las escenas oscuras y dramáticas de la noche anterior, sin ningún criterio ni prioridad. Todas juntas. Como una receta de un millón de ingredientes mal hecha o una historia sin eje y mal contada.

Necesitaba revivir la parte linda del viaje. Y como el chileno también venía de Japón nos pusimos a hablar de eso. Me mostró videos de adolescentes disfrazados de Elvis Presley bailando en una plaza. Le conté del domo de la bomba atómica en  Hiroshima. Me contó cómo era la vista desde Roppongui Hills. Le conté lo mucho que me había gustado el whisky. Me mostró otro video, de un señor que llevaba un perro que andaba en skate.  Hablamos de la noche japonesa, de cómo saludan con reverencia mirando al piso, de cómo se viste la juventud, de la música que escuchan, de por qué será que las chicas caminan todas torcidas, de lo increíble y pulcro que es todo aunque sea imposible encontrar cestos de basura.

Entre historia e historia nos daba risa (su sonrisa era magnífica) el azafato de American Airlines, que pesaba como 127 kilos y tenía un delantalito chistoso pero que resultaba, en conjunto, de lo mas adorable.

Me contó el motivo de su viaje. Le tuve que contar el mío, vacaciones. 
-Pero te viniste sola a Japón de vacaciones?-
-No, vine con mi novio. Pero me dejo ayer, en Kyoto-

Y me dijo que si bien era algo terrible, a la larga iba a ser una buena historia. Creo. O capaz lo dije yo.

Tomamos cerveza con la cena y seguimos hablando de más y más cosas . Me dijo que su papá había sido escritor y que contaba unas historias increíbles. Que las historias tienen valor. Le dije que una de mis frases preferidas es “No dejes que la verdad se entrometa en una buena historia”, pero que igual mi realidad había, una vez más, superado la ficción. Y que sí, algún día  tendría que escribirla.

-Aquel de allá está tomando sake?-
-No sé, no veo a más de un metro-
-Vamos a buscar?-

Y fuimos a preguntarle a nuestro azafato preferido si tenía.

Parados uno al lado del otro la sensación era diferente. Lo percibía todavía más alto. Y esa  sonrisa que casi iluminaba un poco la cabina con luces bajas

Otra azafata, la que atendía del otro lado, apenas nos vió nos dijo "WHAT A LOVELY COUPLE  YOU ARE!!!" Me sorprendió y me dio mucha gracia y un poco de vergüenza también. Me debo haber puesto roja y todo. Menos mal que había poca luz.

Le dije que no eramos pareja, que recién nos conocíamos. Él, impecable, agradeció el cumplido. Yo venía sintiéndome un trapo de piso. No se me había ocurrido la idea de que alguien me viera como mujer y mucho menos (aunque fuera una azafata atontada por el jet lag) como pareja. Qué gracioso si encima quedábamos lindos. 

19 mar. 2014

RSF III: Somebody, not just anybody


-Te ayudo con tu mochila?-
Creo que ninguno se iba a imaginar, con todo lo que pasó después, lo tan poco literal iba a ser esa frase.
Confianza en el universo.

Así lo conocí.

Me puse nerviosa incluso antes de mirarlo. Creo que es una capacidad o un algo que irradia la gente atractiva. Me llamó la atención su porte inmenso y su sonrisa. Hablaba español. No sé hace cuanto que no hablaba con nadie en español. En el pasaporte decía que era chileno.

Ayudarme con la mochila. Cómo explicarle a un completo desconocido. Que sí, que necesitaba ayuda. Que sí, que me pesaba la espalda. Que el viaje de mis sueños con la persona de mis sueños se había amputado hace unas horas sin anestesia  y que me dolía eso, la soledad y estar lejos. Y que la ayuda del taxista y la de él habían sido tan simples pero, de alguna manera, tan valiosas.

Pero que no, gracias. Que la mochila la llevaba conmigo porque me la paso sacando y guardando cosas.

Ibamos a ser compañeros de asiento en un vuelo de 12 horas. Quién sabe todo lo que se puede llegar a charlar durante tanto tiempo. 

18 mar. 2014

RSF II: Al oeste del sol


Cuando salí esa mañana, arrastrando mi valija por una callecita empedrada de Kyoto,  sentí algo especial. Yo le llamo confianza en el universo, pero si fuera creyente podría decir que Dios me acompañaba o una virgen alguna cosa.

Estaba sola en un país lejano, pero no me sentía extraña. Tenía el corazón roto pero el ánimo fuerte. Acababa de pasarme una de las peores cosas que me habían pasado en la vida pero ahí estaba la mañana de Japón, virgen y prometedora. Había llorado 7 horas seguidas, pero la brisa del amanecer me acariciaba, me refrescaba y me aliviaba la cara.

Mire una vez mas hacia atrás. Por ahí se arrepentía y….no.
 - La vida no es una película- me dije. 
Además en las películas el motivo de las peleas de pareja jamás comprende que uno de los dos sea un psicótico.

Me subí a un taxi para ir hasta la estación. Los taxistas japoneses no son de hablar demasiado. Un poco por solemnidad, otro poco por idioma. Supongo.

-A la estación  de Kyoto, por favor- le pedí al conductor
Y él, sin siquiera mirarme, con una sutileza, una sensibilidad y un respeto sorprendentes, estiró el brazo hacia atrás y me alcanzó un paquete de pañuelos.
-Things will go better- me dijo, en un inglés clarísimo. Y siguió manejando como si nada.

15 mar. 2014

RSF I: A nightmare of you

Me desplomo sobre el asiento del avión. Creo que el más incómodo de todos. Fue el único que conseguí, 4 horas antes. La gente camina meciéndose lado a lado, con esa gracia pendular que  surge naturalmente cuando nos desplazamos lento y en fila. Acomodan sus bolsos, sus bolsas con regalos, hablan entusiasmados y en todos los idiomas posibles. Yo trato de repasar en mi cabeza todo lo que pasó hasta ahora, para entender, pero igual me distraigo mirando al resto de los pasajeros. Ver gente. Es una de las cosas que mas me gusta hacer. Y acá hay tanta gente tan llamativa y distinta que no lo puedo evitar.

Estamos por salir del aeropuerto de Narita y yo, después de no dormir y llorar toda la noche anterior, no termino de entender siquiera si estoy despierta o estoy dormida. Me siento cansada, abatida, gastada. Lastimada y vacia. Siento que no tengo esperanza ni consuelo, y lo único que quiero es que ese avión despegue de una vez, porque sé que ahí se termina una historia y empieza otra. Otra menos feliz y apasionada, una historia sobre la nada, pero es nueva y necesito algo nuevo.

Son las 7 de la tarde de un miércoles de febrero y me estoy volviendo sola de Japon a Buenos Aires porque mi novio me dejó. En Kyoto.

Se me viene a la cabeza escenas de la discusión de la noche anterior, una encima de otra, como una pila fotos que se desparraman desordenadas sobre una mesa: la silueta de su perfil, una botella de whisky a medio tomar y la computadora abierta, una valija armada con prisa y rabia, pañuelos y pañuelos amontonados como un soufflé de llanto, su cara y su discurso transformados en lo que siempre tuve miedo que fuera, diciendo esas cosas que no se pueden decir adentro de esa casa que con tanta ilusión reserve cuando estábamos planeando el viaje.

Nadie entiende las razones por las que se empieza a querer a alguien, o las que hacen que lo dejes de querer. Y mucho menos entiendo por qué, cuando eso pasa, surge a veces una necesidad de destruír todo. Si la historia se termina hay que destruirla y como vos sos parte de esa historia, te destruyo a vos también.

Sin embargo, tengo una suerte de fe en la naturaleza humana. Probablemente peco de optimista, pero para mi querer herir a alguien es siempre un intento. Que a veces sale mal y lastimas en serio.

No importa. Sea cual sea ese objetivo, cuando sentís que te clavan un puñal en el pecho y el verdugo es la persona que más quisiste, en ese instante de dolor y vacío, en ese segundo bisagra en que te deja de importar el otro y te empezás a preocupar por vos misma; ahí se produce un cambio.


Ahí el instinto de supervivencia aflora de la manera mas primitiva y tomas decisiones rápidas y funcionales. 

Me voy. 




11 mar. 2014

Cuando pase el temblor


Por momentos sigo esperando despertarme y darme cuenta de que todo fue una pesadilla horrible. Porque las cosas ilógicas con tiempos caprichosos y razones enroscadas solo pasan en los sueños. Y una pesadilla no deja de ser un sueño. Un sueño malo, pero un sueño al fin.

Pero...y si la pesadilla no fue una pesadilla y fue la realidad? Y todo lo bueno que paso (con su no logica, los tiempos caprichosos y las razones enroscadas) fue el sueño?


Y si lo que no tiene explicación es, desconcertantemente, la parte buena y no la parte mala
?