28 jul. 2006

Confesiones de Invierno



A veces me cae la ficha de que todo lo que uno consigue con tesón, constancia y disciplina nunca va a estar realmente bueno porque jamás tendrá la frescura, la espontaneidad o la irrefutabilidad de lo genuino.

Hoy lo extraño como hacía mucho tiempo que no, y tengo muchas, muchísimas ganas de mandar toda la ternura, los "por el bien de la pareja" y la cotidianeidad en los cuales de golpe me soprendo inmersa al demonio, dejar de planificar y domesticar lo que me pasa, sincerarme e ir rauda a su balcón a gritarle que...

Bueno, en realidad no sé bien que le diría....es que tendría que ser algo romántico pero no meloso, inteligente pero no rebuscado y declarativo pero no estrepitoso.

"Te quiero a vos" no, porque va a salir con su moralismo a preguntarme por qué si lo quiero a él estoy con otro

"Las tres veces que te dejé no sabía lo que hacía" tampoco. No quiero que crea que soy esquizofrénica, borderline o sonánmbula.

"Ya me salen ricas las milanesas" es muy dulce, pero también demasiado doméstico.

"Sos el peor novio que tuve pero te quiero todo el tiempo" es excesivamente realista y motivo de discordia. Si voy a hacer semejante ridiculez, que por lo menos sea algo que no sepa o que tenga una estética un poco más cine de los ´50.

Bueno, ya. Se me fue la pulsión.

Además, tampoco sé donde vive ahora....y en una de esas ni siquiera tenga balcón.


La conclusión final de este rapto sentimentaloide es que cada vez que nace un blog, un psicólogo deja de alimentar a un hijo.




25 jul. 2006

Endúlzame los oídos

Los cantantes, ya sea solistas o vocalistas de una banda de rock son un 30% voz y un 70% actitud. Puede haberlos mejores o peores, más lindos o más feos, más carismáticos o más distantes, pero ellos tienen a su cargo, además de transmitir al público una idea o un juego de palabras, enloquecer a las mujeres. Juegan con eso y nos seducen desde ese lugar inalcanzable, apuntando a despertar a la Penny Lane que, indefectiblemente, todas llevamos dentro.

Ahora bien, qué pasa si transgredimos el límite de lo posible y efectivamente llegamos a tener algún tipo de contacto con nuestro amor platónico? Y qué pasa si el se enamora perdidamente de nosotras? Y si encima de todo resigna su imagen de soltero codiciado y nos propone casamiento? Eh? Qué pasaría?

En mi caso, sería algo así

Con Arjona

Es la mañana, es el desayuno y yo estoy untando tostadas frente a la ventana, recién salida del baño que me despabila.Entonces viene él (con un toallón en la cintura y apestando a loción), me abraza por atrás y, pegándome el pelo mojado y su fragancia musk en la mejilla, me tararea al oído su próximo hit "Mujer en la ducha". Depués inspirado como siempre, sigue intentado canciones y hace analogías de la mermelada, el olor del pan, el olor del café, la forma de las tazas y hasta el dedo que me acabo de quemar con la tostadora, todas con mujeres o partes del cuerpo de mujeres.

Cuando yo no estoy en la casa, saca compulsivamente las camisas del placard y les arranca las mangas valiéndose de un tramontina. También me esconde los cigarrillos porque está convencido de que si sigo fumando mi piel o mi olor ya no serán sus musas.

Es una bestia en la cama, pero la arruina diciendo palabras como caliente o humedad cada 4 segundos.

Harta de exigirle que se ponga una remera para sentarse a la mesa y de tener que fumar en el balcón, le pido el divorcio.

El juicio es como nuestro matrimonio, untuoso y melodramático, pero Ricardo se recupera y compone 159 canciones de desamor que lo llevan a colmar todas las fechas disponibles en el Luna Park de acá al 2026 .

Con Alejandro Sanz

Esta sería una relación tibia, inocente, calma. De sábados a la mañana haciendo fiaca y cosquillas en la cama, con pijamas idénticos de color necesariamente blancos, mirando dibujitos o el discovery channel.

Con perro Golden Retriver que trae obedientemente La Nación y cenas con amigos por lo menos 3 veces por semana.

Con compras de todo en packs por dos: las maquinitas de afeitar, las medias, las cremas, el perfume, las pantuflas, los pañuelos, las revistas y hasta las bicicletas.
Y con un final en buenos términos, probablemente debido al aburrimiento de ambos, en el cual él se queda con Toby y yo con el ficus domesticado.

Con Sergio Denis

Mi ídolo indiscutido de los 8 a los 10 años sería un marido respetuoso, atento y considerado; que recuerda las fechas de los aniversarios y ayuda en el jardín.

Un señor clásico que no se sienta a la mesa si no hay struddel pero que a la vez ansía vivir la vida a pleno, viajar a la patagonia para alzar pingüinos bebés en brazos y probar cosas nuevas.

Las recurrentes crisis emocionales que lo aquejan porque Susana ya no lo invita a sus programas o porque la mejor oferta artística que le hacen es cerrar la Fiesta del Chivo en Trenquelauquen serían el principio del fin.
Con Eddie Vedder

De él me encanta su inicio grunge y rebelde y que haya evolucionado hasta ser el cantante con la mirada mas dulce, triste y melancólica que existe.
De tener el privilegio de ser la Sra Vedder procuraría que no sufra, cuidarlo y hacerle mucho bien, incluyendo recomendaciones de indumentaria para sus recitales.

Me imagino apoyándolo en cuanta causa se le ocurra, desafiando compañías multinacionales, disfrutando charlas larguíiiisimas y discusiones sabias o adultas, alternadas con finesdesamana estrepitosos, rememorando los `90s.

Además sería un padre excepcional, de esos que componen temas históricos para sus hijos, con enseñanzas tan eternas como invaluables .

Con tristeza supongo que terminaríamos debido a que, después de un tiempo, yo dejaría de acompañarlo en sus cruzadas por un mundo mejor porque mi tolerancia tiene un límite y las masas con pancartas me provocan asco y deseos de homicidio.

Con Brandon Boyd


Este es el hombre más bonito del universo. Más que como esposa, me veo como una ameba embelesada con tanta perfección.

Me imagino a él tocando las congas, con los ojos cerrados y cara de concentración y yo sacándole fotos.

A él pintando budas y fractales, con un jean que insinúa las inserciones de sus maravillosos oblicuos, y yo escondida atrás de las pinturas y los lienzos, sacándole fotos.

El único momento en que recupero la sensatez sería a la noche, cuando después de cenar nos quedamos discutiendo sobre mecánica cuántica y teoría de supercuerdas mientras tomamos el jugo que indica la dieta macrobiótica.

De todas maneras, también me veo resignando por momentos mi ímpetu científico, sucumbiendo y creyéndome sus fotos y testimonios acerca de la combustión espontánea, todo a cambio de que al día siguiente de una noche de sexo tántrico me despierte cantándome "I miss you" al óído.

El único motivo de discordia que se me ocurre (contemplando la posibilidad de que las fotos no le molesten y que no me revolee la Reflex por la cabeza) es otro integrante de Incubus. José Pasillas no será tan lindo, pero es guitarrista. Y para mí, es sabido, un punteo virtuoso vale más que un abdomen trabajado.

9 jul. 2006

Chupate esta mandarina



Si a un hombre le mencionan la palabra dieta es de inferir que éste se sorprenda o incluso sienta temor, ya que es posible que la asocie con términos como hipertensión, hipercolesterolemia o gastroenteritis.

Para una mujer, en cambio, el vocablo dieta es solamente el título de un archivo ubicado en su memoria que contiene una cantidad infinita de conocimiento ganada a fuerza de años de lectura de revistas Para Ti, investigación en sitios de internet afines (que van desde la prestigiosa Clínica Mayo hasta gordosenlalucha.com), deambulación por consultorios de nutricionistas y endocrinólogos y conversaciones con el entrenador del gimnasio.
Si bien son datos específicos, que podríamos calificar como profesionales, es bastante probable que si uno le pregunta a una dama cuál es su Indice de Masa Corporal, cuántas calorías tiene una rebanada de pan salvado doble o qué cantidad de actividad aeróbica se necesita practicar para utilizar los depósitos de energía lipídicos, ella lo conteste con total naturalidad: con la naturalidad de alguien que desde la pubertad ha mantenido una lucha sin cuartel contra los kilos de más, la naturalidad de alguien que ya se olvidó cómo era comer cuando tenía hambre y no cuando toque la “colación”, la naturalidad de alguien que sueña con mandar un día tanta conducta y dedicación al demonio y atiborrarse de obleas y alfajores triples, para luego pagarse una liposucción en algún prestigioso centro de estética.
Y es curioso, o irónico, pero tanta lucha pocas veces tiene sentido. La obsesión y la relación culposa que las mujeres tenemos con la comida pareciera haber desarrollado en nosotras un mecanismo refractario a cualquier nuevo plan de alimentación que se imponga: entonces por más que hagamos la dieta del repollo, la de algún doctor de moda -que en general es cardiólogo, en general es de Chicago, en general su apellido empieza con Mc y en general hace furor en Miami-, la de Cormillot con sus 46 raciones diarias o la de un planeta hace días descubierto; por más gelatina sin sabor y tallos de apio con Casancrem, la pesita de la balanza insiste en mantenerse en ese número que tanto nos atormenta.
Los hombres, en cambio, en un primer momento lucen su panza orgullosos, y cuando el médico los increpa simplemente dejan de comer pan o tomar Coca Cola, y adelgazan 15 kilos.
Pero bueno, no todos somos iguales. Ni siquiera las mujeres, poniéndome detallista.
Dentro del grupo femenino, tenemos matices como éstos:
La que todas queremos ser: Esta condenada come como un mamut embarazado. Ya le hicieron estudios parasitológicos, biopsias intestinales para ver si era celíaca y análisis de hormona tiroidea, pero todo está en perfecto orden; simplemente su cuerpo parece no haber sucumbido a los malditos mecanismos evolutivos, así que no almacena nada. Cada vez que la vemos está un poco más delgada y hasta llegamos a preocuparnos por su salud. Ella sonríe y nos deja tranquilas cuando propone ir a comprar una docena de donuts bañados con chocolate para acompañar el mate y el estudio.
A favor: disfruta de la comida sin la más remota culpa y siempre le quedan bien los jeans.
En contra: si algún día llegara a perderse en el desierto, no viviría más de 20 minutos.A algunos hombres les parece demasiado flaca.
La desinteresada: Para ella la comida es solamente alimento. Come cuando tiene hambre, deja el plato por la mitad si se siente satisfecha. No cocina casi nunca, salvo las premezclas de Blancaflor, a veces, para cuando invita a su novio a cenar. Tampoco muere por las golosinas, pero cada tanto compra algún bomboncito que puede conservar intacto por semanas en la cartera.
A favor: esa relación con los alimentos se me hace súper civilizada, natural y elegante.
En contra: en general, el mismo desinterés que tiene con la comida lo tiene con la mayoría de las cosas. Es como si le faltara pasión.
La resignada: Se sabe excedida de peso y eso le molesta, pero no tiene el carácter suficiente para someterse a un régimen. Suele quejarse y hacer comentarios irónicos al respecto de su apariencia, pero responde con negativas a sus amigas que le proponen ir a Body Combat o a Pilates. Por ahí empieza una dieta el lunes para desdibujarlas el martes y abandonarla por completo el miércoles, pero hasta allí llega su voluntad.
A favor: en general son chicas bonitas de cara o con alguna aptitud intelectual o cultural en la que se destacan, razón por la cual mantienen su austoestima.
En contra: no sé, pero me alarma la gente que no tiene voluntad.
La gorda feliz: Cada año que pasa sube dos talles de pantalón, pero a ella no le importa: se pone escotes un poco más profundos y se ríe a carcajadas de todo, contagiando buen humor y convidando las exquisiteces que cocina. Eligió disfrutar al máximo la comida y sacrificar en cambio la posibilidad de tener una buena figura.
A favor: en algún punto se parece a la que todos queremos ser, pero con unos 50 kilos de diferencia.
En contra: la quieren como amiga
La resentida: Su historia familiar, su contextura y sus piernas en X pronosticaban ya desde chica un futuro mórbido. Pero a los 13 años, cansada de las gastadas de los compañeros del colegio, le pidió a su mamá ir a un nutricionista y, desde entonces, vive a dieta estricta. Si bien las cosas mejoraron, tampoco cambiaron radicalmente, y ella es hoy en día una chica “rellenita”. Sin embargo, constante y tenaz como es, insiste en su lucha, convencida de que alguna vez llegará el día en que podrá silenciar los genes que heredó con yogur descremado.
A favor: Su voluntad de acero
En contra: Su envidia e intranquilidad. Esta es la que mira de arriba abajo -como si quisiera escanearlas- a las chicas más longuilíneas con los ojos inyectados, mientras rechaza el postre y pide agua con limón.
La pelotuda: Llora por los tres kilos que ganó en invierno y hace escándalo en un restaurante si la milanesa que pidió tiene mucho pan rallado, pero reemplaza los “permitidos” de la dieta a su gusto y antojo, total se come 4 facturas con pastelera pero cena ensaladita (eso sí, con medio bidón de aceite)...o en lugar de usar ese queso sin gusto desliza sobre las tostadas “Manty” de pote verde.
A favor: su inocencia es admirable.
En contra: su ignorancia no.
La maniática: hace tres clases de step por día, pero obviamente todas mal. A ella no le preocupa entrenar o tener buena salud. Su pobres neuronas -que se matan entre sí por quedarse con la última molécula de glucosa que fluye por la sangre- solo entienden los conceptos de caloría y balanza. Salta y salta y salta como enchufada a una central eléctrica, pero trabaja mal los músculos y termina con los ligamentos destrozados. Fuma cuando tiene hambre y se la pasa hablando de los cuatro kilos de asado y los 9 platos de ravioles que se comió el fin de semana, aunque todos sabemos que es mentira y ella sepa que nosotros sabemos que es mentira.
A favor: las historias de todo lo que come son desopilantes.
En contra: está enferma.
La Fan: Empezó dieta hace un mes y desde entonces se convirtió en una soldadita de la salud. Va para todos lados con sus tuppers con cereal o tiras de zanahoria y no deja de comentar ni un segundo lo bien que tiene la piel y cómo le volvió a entrar la ropa de antes de casarse. Dos veces por semana va “al grupo”, que son reuniones en el consultorio del médico que trata a ella y a otro puñado de valientes: allí intercambian recetas bajas en calorías y consejos para cuando sobrevienen los ataques de ansiedad. No entiende cómo hizo durante tanto tiempo para vivir sin comer su granola a la mañana, sin tomar su vaso de jugo de frutas antes de dormir o sin correr sus 7 km diarios.
A favor: vida sana y felicidad. El consabido equilibrio.
En contra: es un estado perecedero. Aburrirse de tanta falacia y volver a la sedentaria práctica de atorarse con dulce de leche en el sillón es un mera cuestión de tiempo.