29 jun. 2006

El amor en tiempos de Influenza



Betty: Sos la persona mas buena y comprensiva del mundo y yo una insoportable. Gracias por bancarme.

Él: Yo no te banco, Beth. Te padezco

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SANTI says: TE QUIERO, TARADA Y QUERER NO ES ESTAR ENAMORADAO, ES QUERER NI COMO AMIGO NI COMO NOVIO , TENER AFECTO POR LA PERSONA DEL OTRO, VA


Betty says: ah bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeno

Betty says: afecto

Betty says: seamos sinceros, nosotros no nos tenemos afecto, nos tenemos ganas

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El ex que me hace doler: Ay Beth…. Hace tiempo aprendí la diferencia entre las palabras sabias, las poéticas y esta basura. cómo? Escribiendo de las tres, yendo de la última a la primera. Ah! Y teniendo el valor de reconocer la diferencia.
Un gran hombre supo bien de esto en su momento: a las cosas feas las llamaba por su nombre para que a nadie le quedasen dudas, pero a las lindas las cubría de poesía para que sólo la gente de buen corazón pudiese alcanzarla. Sabés quién?


Betty: Santo Biasatti?



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Que yo no soy digna de vivir el sentimiento más poético de todos no es ninguna novedad. Lo triste son estas conversaciones, que me lo recuerdan.

Eso y que me molesta muchísimo caminar de la mano o abrazada de alguien.

25 jun. 2006

Futuro Perfecto

Un exámen final, el estreno de una obra ensayada con esmero, un partido de fútbol definitorio o el resultado de un sorteo suelen despertar en las personas sensaciones tan intensas como variables, tan generalizadas como íntimas, tan primitivas como eternas.

Así, signos como la ansiedad, el miedo, la euforia y -por qué no- otros mas fisiológicos como la taquicardia y la sudoración en las palmas de las manos se apoderan de nuestra conducta logrando sumirnos en un estado particular, único, singular. Un estado que sin exagerar nos patea nuestro punto de encaje desplazándolo y dejándonos inseguros, débiles y temerosos.

Humanos como somos, no siempre estamos lo suficientemente fortalecidos como para sobrellevar este tipo de situaciones con calma y decoro e, imperfectos al fin, caemos sin remedio en recursos simplistas y mediocres.

Poco importará entonces si somos ingenieros genetistas, instructores de Aikido o Eduardo el almacenero; ningún valor tendrá nuestro patrimonio económico ni el cultural ni nuestros rasgos fenotípicos: de una manera ubicua y sistemáticamente un comportamiento rústico y ancestral se instaurará sin más. Las habrá más o menos respetadas, más o menos reiteradas, más o menos desopilantes, pero sin miedo a equivocarme puedo asegurarles que es significativamente probable que sucumbamos a la tentación de una cábala

El sentimiento cabalístico, es bien sabido, poco tiene que ver con lo racional y lo meditado: diría que es mas bien un hijo bastardo del pánico, del desconocimiento, del descontrol.
Sin embargo, tampoco creo que sea nada más que una mentira.
Mi inquietud y método científicos me llevan a delinear cuatro hipótesis, cuatro categorías, cuatro razones, cuatro respuestas a la pregunta de por qué esta costumbre se mantiene a través del tiempo y por qué ocupa un lugar importante en la mayoría de los mortales.
Hipótesis 1 - Los agnósticos
Esta teoría tiene su fundamento en el Principio de Incertidumbre. Sus seguidores postulan que si es imposible determinar con presición la posición y la velocidad de una partícula, tanto mas imposible será determinar la posición y la velocidad de conjunto de partículas como por ejemplo podría ser una pelota entrando al arco del equipo contrario. Y menos que menos realizando una actividad previa.
Es este el tipo de gente que escupe las velas que su madre enciende para el exámen, pasa desafiante por debajo de una escalera o tiene una velador de caracoles en la mesita de luz, no tanto porque le guste (cuesta creer que esos adornos de verdad sean del agrado de alguien) sino para demostrar que ellos no le temen realmente a nada.
Se ríen de la palabra destino y se sientan con los tarotistas de Plaza Francia para mofarse de ellos y hacerlos quedar en ridículo.
Grado de seguridad en sí mismos: 100%.
Color Favorito: amarillo
Hipótesis 2 - Los creyentes cautos
Ellos saben que el destino no existe, pero la Entropía sí y las cosas que uno haga de alguna manera influyen en el futuro.
Este grupo cree en la justicia universal y está convencido de que si el esfuerzo es de una magnitud suficiente, podrán lograr que se concrete lo que ellos tanto ansían.
Son los que hacen promesas duras, contundentes, como dejar de fumar, raparse a cero, subir el Aconcagua o ayunar una semana.
Grado de seguridad en sí mismos: 60%
Color favorito: verde
Hipótesis 3 - Los practicantes
Basan su manera de actuar en la célebre frase del todavía más célebre Albert Einstein "Dios no juega a los dados".
Creen que el destino está escrito pero que parte de ese texto tiene que ver con sus tips de buena suerte.
De esta manera, ante un exámen por ejemplo, estudiarán la mitad del tiempo y dedicarán la otra mitad a preparar la camisa lila que siempre usan en esas ocasiones, sacarle punta al lápiz que siempre le funcionó para los choices o escuchar el pronóstico del tiempo porque lluvia el día previo siempre significa aprobado.
El problema de estas personas es que si imprevistamente la camisa lila se ensucia, el lápiz es comido por el perro o el Servicio Meteorológico Nacional anuncia un día previo despejado, entran en pánico y deben recurrir a ansiolíticos para calmar su desesperación. El fármaco, claro, afecta también la calidad de su sueño, su capaciadad de concentración y su estado de alerta ; lo que indirectamente repercute en el resultado de su parcial o final. Para mal, obvio.
Ellos, necios y testarudos, atribuirán la falla a la falta de cumplimiento de sus cábalas y no a la depresión de su Sistema Nervioso Central, razón por la cual, para la próxima fecha, buscarán nuevos objetos milagrosos, en lo posible más resistentes.
Grado de seguridad en sí mismos: 30%
Color favorito: lila
Hipótesis 4 - Los fundamentalistas
Los de esta categoría no basan su comportamiento en ninguna teoría o frase científica porque sencillamente desconocen el concepto de ciencia.
El encuentro más cercano que tuvieron con este tipo de conocimiento fue el frasco con porotos germinados que hicieron en su tercer (y último) grado de la primaria, pero eso sucedió ya hace mucho. O fue generación espontánea.
No conciben la idea de universo mas allá de la dieta de la luna y para ellos cada cintita roja, cada ruda macho en el jardín, cada sahumerio, cada lechuza en el "aparador", cada tira de ajo, cada medallita, cada elefante con dólar enrollado en la trompa y cada trébol de cuatro hojas pudriéndose en la billtera es un pasaporte directo a la dicha y la buenaventura.
De todas formas, si algún espejo se rompe o a algún desprevenido se le da por pasar el salero de mano en mano, siempre se puede hacer un hechizo para neutralizar los terribles efectos que esas desgracias podrían acarrear.
Grado de seguridad en sí mismos: No aplica. No tienen la estructura del Yo bien definida.
Color favorito: rojo.

16 jun. 2006

Casual Friday

Los personajes de la oficina no dejan de serlo bajo ninguna circunstancia.

El mundial, por ejemplo.

Si bien, como la mayoría de los deportes, el fútbol no me simpatiza el pasado viernes sucumbí al frenesí nacionalista y me adherí a las filas de los seguidores del partido de Argentina. La cosa era previsible: gente nerviosa desde las 8:30, gente colmada de adornos y cachivaches atribuyéndole a tales objetos dotes de buenaventura, gente embolsada en camisetas de improvisado shopping de retiro, gente preguntando cómo voy en el prode del cual no participé ni participaría jamás, gente desesperada pidiendo ayuda con los controles de las salas, gente, gente y más gente; todos ellos necesitando manifestar su ansiedad, nerviosismo o su amor a la patria.

Apenas pasados unos minutos de la pitada inicial los roles empiezan a evidenciarse, para terminar de definirse después del primer tanto a nuestro favor.

Cito algunos:

La recepcionista resbaladiza: esta chica no tiene reparos en mostrar su escote a quien quiera ver, independientemente de que el termómetro indique lluvia tropical o frío polar. Trata a todas las damas con simpatía aniñada y a los caballeros con una dulzura que dificulta trazar una línea entre lo amable y lo regalado. Viene a la sala donde se proyecta el partido con un sweater escotado rojo y una vincha de Argentina en la cabeza; y cada vez que se inicia una jugada prometedora inclina su cuerpo hacia adelante tocando los hombros del hombre sentado en la fila anterior, fingiendo estar nerviosa. Coquetea y comenta con el pasante de turno durante todo el partido, pero si finalmente se concreta un gol, se fundirá en un ferviente abrazo con un director de departamento o superior.

La mujer que sí sabe de fútbol: es la única en toda la empresa a la cual los varones participan de sus discusiones deportivas, en las que su opinión es escuchada con atención y respeto. También es la única fémina que se sienta en la primera fila, lugar reservado tácitamente al personal masculino.
Mira el partido crítica y friamente y festeja los goles con un sencillo pero sentido aplauso.
Cuando alguna de las cacatúas (ver más adelante) hace un comentario fuera de lugar en voz alta, ella girará su cabeza para fulminarlas con una mirada.

Las cacatúas: son 4 o 5 secretarias de más de 40 años que nadie entiende cómo demonios consiguen mantener su empleo. Llegan al partido tarde, hacen ruido con las sillas (debido a que deben ubicar sus enormes traseros) y traen un plato repleto de facturas de Pesce, todo mientras cotorrean en un tono de voz insufrible para cualquier mortal. Como tienen hijos varones que juegan los interescolares se sienten con derecho a opinar sobre el deporte, sin darse cuenta de que sus observaciones son tan inoportunas como prescindibles.

El que se quedó: la mayoría de los empleados con los cuales comparte la jerarquìa del cargo y los torneos de golf están viendo los partidos en vivo y en directo, habiendo sido invitados por clientes o por la Empresa. A él, porque nadie lo soporta o porque su departamento se viene a pique, le tocó quedarse. Mira el encuentro sentado en la primera fila, pero con un dejo de resentimiento e incomodidad. De vez en cuando se da vuelta y hace una mueca de disgusto al ver que no hay beneficios diferenciales entre él y el resto del personal.
Sin embargo hay que destacar que cada tanto concentra esfuerzos y buenavoluntad y pide que le pasen un mate para tratar de congraciarse con la plebe. Y la intención es lo que cuenta.

Los calientes: esta categoría está conformada por un puñado de muchachos que tienen como principal objetivo de la mañana toquetear, manosear, sobar y acariciar cuanta curva femenina les sea posible. Se sientan estratégicamente detrás del grupo de las chicas de Customer Service y tendrán un modus operandi similar al de la recepcionista resbaladiza, claro que como son hombres el ataque se concreta de una manera mucho menos sutil y aterciopelada. Así, abundarán manos en los hombros, manos en las manos, manos en el cuello, comentarios al oído, abrazos cuando empieza el partido, cuando hay cambio, cuando hay tiro libre, cuando hay tiro de esquina, cuando enfocan la tribuna, cuando termina el primer tiempo...y miles de demostraciones límbicas más, aprovechándose impunemente de que la atención de todo el mundo está centrada en la pantalla.

La chicas del Customer: para ellas el partido es un desfile masculino con escenario a la italiana. Emiten grititos de éxtasis cada vez que la cámara toma a alguno de los jugadores más agraciados, aunque sean del equipo contrario.

Merece un comentario especial una de ellas, que tiene un gorro puesto y que llega del baño justo cuando Argentina marca el 4to gol; razón por la cual se autoatribuye descaradamente la cualidad traer suerte. De ahí en más, cada movimiento acertado que realice el equipo serán considerados consecuencias de su presencia y ella saltará como un canguro deforme a los gritos de "Soy yo!" "Es mi gorro!!!"

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Les juro, queridos lectores, que hice mi mejor esfuerzo por no parecer una ermitaña inadaptada y compartir del grato momento que implica presenciar en grupo un evento deportivo de semejante magnitud, p
ero estas cosas realmente superan mi capacidad de conciliación y tolerancia.
El miércoles venidero me ofreceré voluntariamente a realizar guardias o pasaré a la historia como la culpable de un cruento asesinato en masa.

14 jun. 2006

Miss Vertigo

Hay días como hoy, en los que me tortura la sola idea de levantarme. Mañanas en las cuales me cambio 25 veces porque no me gusta como me queda la ropa y me siento fea y desproporcionada.
Días así, en los que el trabajo me agobia, y cuando al fin salgo de la oficina me caigo en plena Avenida Alem corriendo un colectivo con los zapatos equivocados, todo para que el infradotado del conductor me haga gestito de no con la cabeza porque pasó 17 cm de la parada.
Miércoles inmundos, en los que me confundo y voy hasta la facultad a una clase que no se dicta, subo los benditos 15 pisos con el ascensorista hincha de Chicago que me carga porque Olimpo está en la B y me encuentro al orate que insiste en darme conversación de la que no me interesa.
Jornadas fatídicas, en las que además de todo tengo que soportar que el verdulero gooooooordo, con lapiz en la oreja y jogging frizado azul se me haga el galán mientras manosea MI broccoli con sus manos regordetas al son de una cumbia cuadradísima de esas que dicen muchas veces la palabra "corazón" y que oficia de banda sonora, como burlándose de uno de los momentos mas desolados de mi vida.
Pero también están los otros días.
Esos de amaneceres llenos de energía, con la elección de la música y el atuendo precisos y tiempo para desayunar rico.
Con viajes sin pasajeros conocidos, jornada laboral estimulante, clases magistrales, llamados esperados y compras fantásticas.
Días de esos en los cuales justo se cancela una reunión a la que no tenía ganas de ir, me salen más de 16 rond de jambe fouettes en la clase de danza o pasan "Flor de Lino" en la radio.
Días en los que tanta perfección despierta mis sospechas, modelando la idea de que las cosas no pueden, naturalmente, ser así de buenas.
Entonces me asusto y me atormento pensando que en realidad todos mis movimientos están siendo seguidos muy de cerca por alguien, que a la vez es el que dispone y coordina las cosas para que salgan de la mejor manera.
Y lloro, sintiéndome amenazada, maniuplada, juzgada e infeliz.
Pero con las lágrimas sobreviene la calma, ya que el hilo de humedad que recorre mi cara es la prueba irrefutable de que la perfección no es tal.
Finalmente (aunque lo mismo da decir inicialmente, debido al carácter cíclico de este proceso) la mañana ulterior me levantaré con los ojos hinchados, y será uno de esos días en los cuales me veo horrible, con cara de sapo y todo me saldrá mal.
Y el universo, una vez más, recuperará su equilibrio.

5 jun. 2006

Dime con qué te automedicas y te diré como eres

Bayaspirina: confomista, aburrido y burdo. Ud. es de esas personas que consideran una salida de sábado a la noche ir al cine o tomar un helado, o la pasan bien mirando góndolas en el Easy.
Cafiaspirina: Ud. vive sometido a presiones constantes, pero por elección. Le gusta sentirse poderoso aunque su entorno laboral o profesional no se lo permita, razón por la cual se desquita tratando de pésima manera al cajero del supermercado o al empleado de la cabina del peaje. Es neurótico, ambicioso y no disfruta de las pequeñas cosas. Se olvida de las fechas de cumpleaños de sus hijos y descuida a su pareja.
Ibupirac: si bien se considera prudente, la realidad es que Ud. es vergonzosamente cobarde, temeroso y desconfiado. Cuenta los vueltos una y otra vez mientras la cola de personas apuradas crece en la boleteria del subte. En el colectivo pone las monedas de a una y muy despacio, ganándose justificadamente el odio del resto de los pasajeros. Veranea en Miramar y se mete en el agua untado en Pantalla Solar Factor 1050, pero sólo hasta la mitad de la pantorrilla
Novalgina: probablemente Ud. sea una persona de sexo femenino, mayor de 40 años, desorganizada y loca. Tiene sobre su escritorio mil trabajos distintos a medio hacer, 97 ventanas abiertas en la pantalla de su PC y tres llamados en espera en el teléfono. Habla a los gritos, enloquece a todo aquel que se encuentre cerca suyo y las sonrisas que recibe no son de simpatía, sino de lástima.
Anaflex: Ud. se cree muy brillante, inteligente y culto, pero es un pobre infeliz.
Taural: Ud. es una persona en apariencia tranquila, paciente y sin complicaciones, pero en los lugares mas recónditos de su psique alberga un psicópata peligroso y fatal producto de la creciente carga alostática con la cual convive cotidianemente. Si desea tener una vida normal, mande al demonio a alguien más seguido, putee a las viejas que se lo merecen y niéguese a ceder el asiento al menos una vez.
Ibuevanol: Ud. es una mujer chillona y malcriada e hija única, o un hombre con demasiadas amigas mujeres. Sincérese y confiésele su amor a alguna o aprenda a jugar al fútbol de una buena vez.
Aseptobrón Jarabe: Ud. es inmaduro y fantasioso. Tiene stickers en el celular y cambia su nick del messenger según su estado de ánimo, materia aprobada o cantidad de cachorritos que tuvo su insportable fox terrier.
Rivotril: Ud. se toma todo con excepcional dramatismo y no sabe decir que no. Permítase ciertas debilidades o falencias o consígase un compañero/a sexual con el que se entienda de maravilla.
Amoxidal 250: Ud. vive en la estratósfera, llega tarde a todos lados y le resulta prácticamente imposible cumplir con sus obligaciones en tiempo y forma. Tiene una capaciad intrínseca para las artes y sus amigos, una vez que han asumido su estado de levitación permanente, lo adoran.
Amoxidal 750: Ud. es ansioso, impaciente e insoportable. Si es joven abóquese de lleno a controlar estos deletéreos sentimientos y tal vez en un futuro logre la felicidad. Si ya está mayor, procure dejar de llamar a sus hijos 15 veces al día para preguntar si la llama de la hornalla saludable era la amarilla o la azul, o dese por internado en un hogar de retiro lejano, por el resto de su vida.