12 mar. 2009

Buenos Aires me mata

Después de las salas de internación o las aulas de los hospitales, el segundo lugar donde más se habla de medicina es en... Buenos Aires. Toda. Yo no sé si es porque uno contribuye con dos (ó hasta tres) sistemas de salud al mismo tiempo, si se debe a que la relación medicos:habitantes es altísima ó si nada más se justifica en que la atención médica es un excelente manantial de motivos para entrenear el espíritu quejoso e inconforme del porteño, pero acá pasa un montón de cosas que son inconcebibles en cualquier otro lugar del mundo:

La asistencia perfecta: aunque estés atendiendo adolescentes trasnochadas en el Pirovano o a los motoqueros más pesados de Bulón, son pocas las ocasiones en la que los pacientes no siguen a rajatablas la consultas establecidas para el control de su patología. Si tienen que tomarse la presión ocular, hipotecan la casa para pagar un remís. Si tienen que hacerse un pap, traen al consultorio a sus dos hijos menores a quienes hizo faltar al colegio. Si hay que mirar los resultados de un laboratorio, faltan tres días al trabajo. En pediatría también se estila que, si los padres no pueden, el infante viene acompañado de una hermana un año mayor (9 y 10, por ejemplo) o una vecina que mastica chicle y no sabe contestarnos nada de lo que preguntamos en el interrogatorio.

Los pacientes de la tarjeta con superpoderes: estos personajes me enceguecen de odio. Para ellos el plan que figura en la credencial de su obra social tiene el mismo valor que su reloj, sus zapatos o su celular. Están convencidos de que las palabras mágicas "510" ó "plan V " les garantizan la vida eterna, la mejor cama de terapia y que un especialista en hepatología los reciba en su consultorio de un millón de títulos porque tienen un poco de dolor abdominal. Se indignan si demoran 5 minutos en atenderlos para recetarles una pomada para un herpes labial, ignorando que es muy posible que el médico que eligieron esté retrasado porque viene de ver (en un hospital escuela) cosas que sí importan, como pénfigos o toxicodermias.

Los pacientes de la tarjeta que suma puntos: Otros que me ganas de inyectarme un litro de potasio. Es una población que usa su credencial como si, cada vez que una secretaria con cara de hastío se la pidiera para hacerse un estudio, se le acreditasen millas para viajar a Europa o puntos para cambiar por vajilla de Coto. Se ponen MUY contentos cuando comentan que fueron al médico y que este sí es bueno porque les pidió "un montón de estudios". Y se sienten muy contenidos y orgullosos al decir cosas como "Densitometría Ósea", "potenciales evocados", "tomografia helicoidal con recontruccion 3D" o "análisis COMPLETO de sangre". Curiosamente, nunca aceptan abandonar hábitos nocivos y se resisten a practicarse los estudios que requieren un mínimo de invasión cuando sí son necesarios. Entonces, si su médico les pide una fibrobroncoscopía, ellos deciden que no la harán, que seguirán fumando y se presentarán el día de la consulta con 4 bolsas llenas de radiografías sacadas entre 1982 y 2007 justificándose al son de "pero Doctor! si yo me hice todos estos estudios completos!!"
No me queda claro si realmente usan esta frase para exponer un motivo válido ó si es una mera oportunidad para usar sus dos palabras favoritas en la vida, "estudios" y "completo".

Los pacientes que leyeron en internet. AGHHHHHHHHHHHHHHH.
Siempre traen comentarios imperativos disfrazado de duda (para esto no es mejor en cápsulas blandas?), confesiones de tratamientos que son una chantada ("yo me cuido con terapia colónica"), información erradísima y grave ("no vacuno a mis hijos porque dá autismo") y otra que no tanto ("lavo los corpiños antes de usarlos para que no me dé cáncer de mama").
Yo me confieso adicta a internet, pero creo que soportaría la peor de las abstinencias con tal de que desaparezcan estos personajes.


Obviamente, desde la última definición de salud de la OMS, también hay que abarcar el aspecto psicológico. Y acá es otra vez lo mismo: no sé si es porque hay muchos psicólogos, muchas revistas de psicología o muchos taxistas, pero vuelven a evidenciarse diferencias drásticas con gente de otros lugares. Y en esta población, aunque nací en otra parte, me incluyo y todo.

Hace unos años, si conversaba con amigas sobre un chico que me gustaba y no me correspondía, las opiniones eran más o menos siempre iguales: "es un pelotudo"ó "invitalo a salir vos".
Hoy las charlas son mucho más extensas, y en general terminan con teorías tan complejas como incomprobables "es que pensá que, por lo que parece con los hermanos él fue un hijo no deseado. Por lo tanto el deseo en él está trastocado y hasta que no resuelva su deseo no va a poder desearte a vos. "

También pasa que acá es tan común decir que vamos a terapia como quien va al dentista. O más, es como si siguiéramos una dieta orgánica estricta o como si corriéramos 6 km cada día. Da la sensación de autocuidado, de hacerse cargo del problema y esforzarse por resolverlo. En mi ciudad natal, en cambio, yo tengo práctimente vedado hablar de mi psicólogo delante de las amigas de mi madre. Si vas a terapia es porque tus papás se separaron, no te definís sexualmente o sufriste algún suceso traumático. Y sólo saben los más cercanos, porque si la información se filtra -aunque toda tu vida te hayan apodado "Rulo", "Tana" "Negro" ó "Gordo"- pasás a ser, irreversiblemente, "el loquito".

7 mar. 2009

Honestidad Brutal IV

Hombres de este mundo:


Tengo que comunicarles una cruel verdad. 2/3 de las mujeres que actualmente están de novias, sufrió una rotura temprana de corazón dos ó tres semanas antes de conocerlos a Uds.

El espectro de
rotura de corazón temprana abarca desde breves pero épicas historias (que se estrellaron con la muerte de un ser querido ó una ex) hasta romances de aparente potencial que nunca se concretaron; pasando por abandonos traumáticos, distanciamiento por viajes y la instauradísima incompatibilidad afectivo-sexual. Luego de estos sucesos, y más aún luego de transcurrido cierto tiempo, el deseo de noviazgo amputado vuelve a brotar frondosamente. Y es tal su afán de verse realizado que se pierde toda subjetividad.
Y bueno, ahi es cuando aparecen Uds. Todo lo demás, ya lo saben. Es un poco duro, pero permítanme remarcar dos cosas:

a) Aparecer en el momento correcto es tan importante como ser la persona correcta.



b) El comportamiento arriba citado es estrictamente femenino. Este patrón y las consecuencias de su revelación se complementan perfectamente con la simpleza del hombre, la que le permite quizás apenas sorprenderse para enseguida poder seguir viviendo su noviazgo con absoluta confianza y plenitud. El sentido inverso jamás podría tener buen cauce. De enterarnos algo tan terrible como lo que acabo de exponer, las mujeres enloqueceríamos en un delirio de imaginación e intentos de hackear cuentas de mail ó de contratar investigadores privados para saber si la anterior era más flaca o más linda que nosotras.



Es maravilloso comprobar la sabiduría de la naturaleza.