15 mar. 2014

RSF I: A nightmare of you

Me desplomo sobre el asiento del avión. Creo que el más incómodo de todos. Fue el único que conseguí, 4 horas antes. La gente camina meciéndose lado a lado, con esa gracia pendular que  surge naturalmente cuando nos desplazamos lento y en fila. Acomodan sus bolsos, sus bolsas con regalos, hablan entusiasmados y en todos los idiomas posibles. Yo trato de repasar en mi cabeza todo lo que pasó hasta ahora, para entender, pero igual me distraigo mirando al resto de los pasajeros. Ver gente. Es una de las cosas que mas me gusta hacer. Y acá hay tanta gente tan llamativa y distinta que no lo puedo evitar.

Estamos por salir del aeropuerto de Narita y yo, después de no dormir y llorar toda la noche anterior, no termino de entender siquiera si estoy despierta o estoy dormida. Me siento cansada, abatida, gastada. Lastimada y vacia. Siento que no tengo esperanza ni consuelo, y lo único que quiero es que ese avión despegue de una vez, porque sé que ahí se termina una historia y empieza otra. Otra menos feliz y apasionada, una historia sobre la nada, pero es nueva y necesito algo nuevo.

Son las 7 de la tarde de un miércoles de febrero y me estoy volviendo sola de Japon a Buenos Aires porque mi novio me dejó. En Kyoto.

Se me viene a la cabeza escenas de la discusión de la noche anterior, una encima de otra, como una pila fotos que se desparraman desordenadas sobre una mesa: la silueta de su perfil, una botella de whisky a medio tomar y la computadora abierta, una valija armada con prisa y rabia, pañuelos y pañuelos amontonados como un soufflé de llanto, su cara y su discurso transformados en lo que siempre tuve miedo que fuera, diciendo esas cosas que no se pueden decir adentro de esa casa que con tanta ilusión reserve cuando estábamos planeando el viaje.

Nadie entiende las razones por las que se empieza a querer a alguien, o las que hacen que lo dejes de querer. Y mucho menos entiendo por qué, cuando eso pasa, surge a veces una necesidad de destruír todo. Si la historia se termina hay que destruirla y como vos sos parte de esa historia, te destruyo a vos también.

Sin embargo, tengo una suerte de fe en la naturaleza humana. Probablemente peco de optimista, pero para mi querer herir a alguien es siempre un intento. Que a veces sale mal y lastimas en serio.

No importa. Sea cual sea ese objetivo, cuando sentís que te clavan un puñal en el pecho y el verdugo es la persona que más quisiste, en ese instante de dolor y vacío, en ese segundo bisagra en que te deja de importar el otro y te empezás a preocupar por vos misma; ahí se produce un cambio.


Ahí el instinto de supervivencia aflora de la manera mas primitiva y tomas decisiones rápidas y funcionales. 

Me voy. 




2 comentarios:

querés melón? dijo...

heavy

Betty Carol dijo...

No es la primera ni va a ser la ultima, vos lo sabés bien.