5 ene. 2006

Álbum de figuritas de la oficina



La figurita repetida. Es una secretaria o representante de atención al cliente, generalmente joven, que no tiene mucho para hacer. Deambula por los pisos y boxes dando conversación insulsa y frívola. Es pasible de encontrar en toda máquina de café o junto a la impresora color, a la espera de alguna foto de su reciente hijo o sobrinos que luego, obviamente comentará con el primer desdichado que se cruce. Es adepta a las intrigas de oficina, y si no las hay interesantes, las fabula descaradamente.
Tambien es habitual cruzarla en el baño, retocándose el maquillaje o reteniendo (charla mediante) a alguna pobre atareada que se hizo de un segundo para poder cumplir con sus necesidades fisiológicas.

La figurita que vale muchas: El joven profesional. Es pasante, generalmente tiene entre 24 y 25 años, estudió ciencias economicas o ingeniería en una universidad privada y está a-no-na-da-do con los principios y políticas de la Cía. Mientras otros de su generación cumplen fervientemente cada jueves con el rito del "doparti", él se queda hasta tarde ideando eficientes soluciones de todo tipo. En su vocabulario son muy comunes las palabras flujo, expectativa, implementación, desarrollo, capacidad. Conoce todos los programas para empleados y sabe siempre encontrar informacion en intranet. Pasados unos meses, siendo ya efectivo y habiendo convencido a todos de que es imprescindible, se retira para hacer un master en EEUU o Dinamarca.

La figurita difícil: El capo que no sabe que es capo. Tiene mas de 40 años y menos de 60. Es oriundo del interior y mantiene esa simpleza campechana. Maneja temas importantísimos, confidencialísimos y sumas millonarias, pero hace chistes pavotes en los pasillos y pregunta a la pendejada cómo andan en sus estudios. Sabe el nombre de casi todos los empleados. A la hora del almuerzo puede tanto sentarse con los powers o los cadetes, indistintamente, y ambos grupos se sienten a gusto con él.

La figurita transfer: El extaptriado que nunca se adaptó. Es simpatico y eso hace que la gente le sonría cuando él les habla, pero nadie entiende una palabra de lo que dice: su léxico es un muestrario de todos los paises por los que anduvo.
Cuando todos discuten de fútbol, el se aburre y se queda callado a un lado, participando solamente cuando se traen a colación los muñecotes usados en los mundiales.
En las fiestas de fin de año se viste pésimamente y se va muy temprano.

La figurita con brillantina: La Mejor. Es una secretaria que no solamente es (muy) linda, sino que tiene una voz agradable, se viste genial, es simpática, amable y se lleva bien con todo el mundo; incluyendo las otras mujeres de la oficina, concientizadas al fin de que con ella no se puede competir. En las reuniones extralaborales es divertida pero no una loca descarrilada. Cuando camina por los pasillos, todo el personal masculino se derrite a su paso, pero nadie se le anima, porque la ven inalcanzable. Dicen las malas lenguas que sólo uno pudo con ella que, claro, desde entonces pasó a ser reconocido como "el que se agarró a la mejor".

La figurita plastificada. La indestructible. Secretaria también. Es muy deportista y gana en cuanta competencia se anote. Además es supereficiente. Consigue todo. Sabe todo. Responde todos los mails, incluso señalando escandalosamente equivocaciones de compañeras. Nunca se sabe qué le pasa, su cara es la misma siempre, ya sea contando que su hija se recibió o que se se está divorciando. Trabaja muchísimo, pero no se le nota porque nunca aparenta estar cansada. Algunos sospechan que en lugar de sangre, por sus venas corre líquido para frenos.

La figurita que no sirve. El que no se adaptó a los cambios. Tiene mas de 60 años, es ingeniero y la gente lo trata de Ud. y por su título. No sabe trabajar en equipo, cree que los sistemas son una porquería y desconfía de internet. Pierde tiempo yendo al banco al mediodía porque el cajero automático tambien le genera dudas. Prefiere escribir a mano todo y es el único que usa liquido corrector y papel carbónico. Tarda años en explicar algo simple y sus compañeros de trabajo no lo soportan, pero aguantan pacientemente recordando que en par de meses se jubila.



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